
Setenta y ocho años más tarde de aquel célebre 14 de abril de 1931, fecha en la que tuvo lugar la proclamación de la Segunda República en este país, aún hoy, continúan vigentes con total plenitud las ideas, postulados y principios de un sistema de gobierno que no pretendía ni pretende más que llevar hasta sus últimas consecuencias la expresión popular de manera soberana. Pero, definamos con profundidad qué es en sí la República. ¿Puede y debe ser acaso la nueva utopía para el siglo XXI?
Hoy, más que nunca, hablar de República no es cuestión únicamente de debatir sobre una forma de organización y gestión política sin más, o reivindicar de manera simplista, como intencionadamente cacarean algunos con afán distorsionador, la elección del Jefe de Estado.
Hablar de República es predicar democracia en el sentido más amplio y más profundo de su acepción. Es rescatar aquel sueño de la Ilustración Europea que prometía a todas y todos Libertad Plena, Justicia Social, Igualdad en Derechos y en Deberes. Pero, a su vez, es recuperar progreso, avances, conquistas sociales y laborales. Recomponer el concepto de Ciudadanía situando al Estado como garante principal de todo ello.
También, cómo no, reconquistar el alma y el corazón de aquella Constitución del 9 de Diciembre de 1931, aprendiendo de sus errores pero, a la par, restituyendo sus aciertos y conocimientos. Más en los tiempos que corren, donde el interés económico de los poderes dominantes, el gran capital, está golpeando nuevamente con especial virulencia a las clases sociales más vulnerables y más indefensas.
Hoy, más que nunca, si queremos restablecer un nuevo orden económico y social, si queremos acabar con las prebendas y exabruptos de banqueros codiciosos, multinacionales cicateras, ejecutivos sin escrúpulos y empresarios avarientos debemos hacer aflorar el espíritu del artículo 44 de la mencionada Carta Magna Republicana. Aquel que dictamina que toda la riqueza del país, sea quien fuere su dueño, queda subordinada a los intereses de la economía nacional. Aquel que proclama que la propiedad de toda clase de bienes podrá ser objeto de expropiación forzosa por causa de utilidad social y que con los mismos requisitos podrá ser socializada. O el mismo que asegura que tanto los servicios como las explotaciones que afecten al interés común pueden ser nacionalizados en los casos en que la necesidad social así lo exija.
¿Acaso, en estos momentos, no hay una necesidad social en este país?
¿Quién ampara a los 4.010.700 parad@s de este país?
¿Quién responde al 1.068.400 familias que tienen a todos sus miembros en el desempleo?
¿Qué se les puede decir al millón de trabajadores y trabajadoras que próximamente agotarán todas sus percepciones por desempleo y no tendrán ni un solo céntimo de euro en sus bolsillos?
Y a todo esto, ¿quién o quienes has sido los causantes de este tsunami económico y financiero?. ¿A qué se está esperando para exigir responsabilidades y emprender acciones contra los malandrines y tahúres del dinero que nos han abocado a esta situación?
Todas estas preguntas e interrogantes, y muchas más, deben tener cabida en ese proyecto alternativo de sociedad más justa, más progresista y más republicana que se debe construir en este país. Una utopía que está a nuestro alcance. Un sueño que como decían los poetas “lento pero viene el futuro real, el mismo que inventamos nosotros y el azar. Cada vez más nosotros y menos el azar. Porque para eso sirve la utopía: para caminar”.
Por todo ello
¡Viva la Primera República!
¡Viva la Segunda República!
Adelante , amigos y amigas ¡Construyamos la Tercera!
¡Salud y República!
Comentarios recientes